«Ganaba un montón de cosas pero no era feliz»
Waali nos cuenta cómo ha transformado su mentalidad y su beatbox de cara a la GBB 2026.
El panorama del beatbox latinoamericano tiene un nuevo hito que celebrar: la histórica victoria de Waali en la Great North Battle 2026. Con el billete directo a la Grand Beatbox Battle bajo el brazo, el chileno nos acompañó en una entrevista para desgranar cómo vive los meses previos a la gran cita mundialista. Lejos de la complejidad técnica hermética que abunda hoy en día, Waali defiende un estilo centrado en el groove, la energía y la comedia sutil sobre el escenario. En esta conversación, el artista nos habla de la importancia de la teoría musical en su preparación, los desafíos de estructurar una eliminatoria de cuatro minutos y su deseo de llevar la esencia latina a la escena internacional.

Joan Garcia: Te has clasificado a la GBB por haber ganado la Great North Battle 2026. ¿Qué supuso para ti ganar este evento y conseguir la clasificación para la GBB?
Waali: Tiene muchos significados. En primer lugar hacía mucho que no ganaba un evento: quedé Top 8 en el mundial online, en el último campeonato nacional quedé tercero, en la BeatBrothers quedé segundo… Necesitaba esta victoria, y más en la Great North Battle, que es un evento muy grande. Por otro lado, mi gran referente junto con Babeli es NaPoM, entonces para mí ganar este evento es como si estuviera siguiendo sus pasos, me motiva. Y además, también significa muchísimo porque soy, no solo el primer chileno, sino también el primer latinoamericano en ganar esta competición. Es que te pones a ver los ganadores y son nombres gigantes: Inertia, BlackRoll, NaPoM… ¡Y ahora Waali! [ríe]
J.G.- Ahora que comentabas que necesitabas esta victoria, ¿Llegaste a experimentar frustración a raíz de estas derrotas anteriores? ¿O te lo tomabas más como parte natural del proceso?
W: La verdad nunca he sido muy de resultados, siempre trato de enfocarme en mi desempeño. De hecho, hubo un momento de mi carrera que ganaba un montón de cosas, pero no era feliz porque mi desempeño no me gustaba. En la Great North Battle se juntaron ambas: gané y además quedé muy satisfecho con mi actuación. En este evento hubo momentos que sentí que saqué mi prime.
J.G.- ¿Hay algún aspecto en específico que hayas decidido mejorar este año para llegar más fuerte a la competición?
W: Tengo la suerte de haber estado anteriormente en la GBB. De hecho, de este evento me llevé uno de los mayores aprendizajes de mi carrera como ‘Waali’: me di cuenta de la importancia de la gestión de nervios, gestión de la respiración, la presencia escénica… Todo esto es clave, y lo tenía bastante flojo.
Por otro lado, a mí lo que más me importa en el beatbox es el groove: beatbox que se pueda bailar, que se pueda cabecear, que se pueda seguir. Nunca me ha gustado el beatbox centrado en la complejidad. Pues bien, a raíz de esta GBB me di cuenta de que tenía que aprender sobre teoría musical, composición… esto es clave. En conclusión, no quiero cometer los mismos errores de la última vez.

J.G.- ¿Cómo encuentras el equilibrio entre practicar tanto tiempo, pero a la vez no quemarte o quedarte sin inspiración?
W: La verdad, la inspiración nunca ha sido un problema para mí. De hecho, de evento a evento intento no repetir tracks. Intento traer siempre material nuevo. Esto es algo que yo critico mucho de otros beatboxers, así que tengo que ser consecuente. Además, la creación constante hace que tu estilo vaya madurando y eso es muy bueno.
De todas formas, yo tampoco soy el beatboxer que más practica. Soy de la filosofía de que importa más el cómo que el cuánto. Para la Great North intentaba hacer el set [conjunto de rutinas preparadas para el evento] completo sin equivocarme. Esto lo repito dos o tres veces al día y… yo creo que no hace falta mucho más.
J.G.- Cuando se habla de Waali, se tiene que hablar sin duda de liproll. ¿Cómo llegó a convertirse en una parte tan importante de tu identidad?
W: Yo —como todos— partí en el beatbox como un fan. Mis mayores inspiraciones fueron NaPoM, Babeli y Zer0, en ese orden. Siempre cuento que Babeli me hizo amar el beatbox y NaPoM me hizo amar las batallas. Una de las cosas que más me voló la cabeza del beatbox fue escuchar los bajos de NaPom —que por cierto, lo seguía desde antes de que se hiciera famoso, desde sus primeros nacionales—, y esta mezcla de sorpresa y admiración me llevó a intentar imitar sus rutinas y sus sonidos.
Como NaPoM me hizo amar la competición, decidí que era el momento de empezar a hacer mis beats para llevarlos a competiciones. Al principio me hacían bromas y me molestaban con que era muy NaPoM. El NaPoM chileno me llamaban. Entonces poco a poco quise diferenciarme de él y empecé a buscar variantes, formas de no sonar como él. Al final terminé creando un montón de técnicas que, si bien vienen del liproll, son técnicas mucho más alejadas de él. He compartido un montón de arte y conversación con él. Que la comunidad diga “¿Quién tendrá los mejores liprolls?” o “¿Quién será el mejor usándolo?”, algunos dicen NaPoM, algunos dicen Waali… sólo que nos comparen ya es una locura. En ese aspecto logré lo que quería.

J.G.- ¿Qué versión de ti mismo estás construyendo para la GBB?
W: Pues mira, la identidad que quería tener en un principio era un personaje muy similar a NaPoM. Agresivo, pero no demasiado; con mucha presencia más bien. Después me fui dando cuenta de que ese estilo no iba tanto conmigo porque yo en mi vida personal soy un tío muy chill, entonces no me salía tanto ser rudo. Con el tiempo fui adoptando un personaje un tanto más cómico, no al nivel de PacMax o Alexinho, pero sí de meter un poquito de truquitos, un poquito de risa, un poquito de burla… esa es la versión que estoy construyendo en cuanto a la identidad.
En cuanto al beatbox, a mí se me notan mucho las influencias latinas. Me lo han dicho bastante. Me cuadra, porque la música que más disfruto es la que tiene mucha energía: house, drum and bass, reggaeton, trap, drill… Siento que es un estilo que marca un poco la diferencia. No creo que esté tan explorado. Últimamente el beatbox se está yendo mucho por lo complejo, y es justamente ahí donde destacan los que son más auténticos.
Lo que quiero es encontrar un equilibrio entre lo técnico y lo musical; es lo que siempre he querido conseguir. Que lo puedan disfrutar todos los públicos. Eso es muy clave para la evolución del beatbox en general. Hay demasiado beatbox para beatboxer. Por ponerte un ejemplo… G-Wizz —que yo lo encuentro muy bueno— creo que es un beatboxer para beatboxers, un no-beatboxer no podría disfrutarlo tanto. Pero por otro lado Wing, Codfish… es gente que todos disfrutamos y a mí me gustaría estar en este grupo. Ese es el destino, la identidad que quiero. La tengo muy clara y estoy trabajando para ella.
J.G.- Como observación, me ha sorprendido la cantidad de beatboxers reflexionando sobre el beatbox más transparente, la accesibilidad a todos los públicos y todo lo que conlleva. Me he dado cuenta a raíz de estas entrevistas; sabía que no era el único que lo pensaba, pero no sabía que era un pensamiento tan extendido. Lo he hablado sobre todo con loopers: con TiONEB, Lennard, M-Age… Todos —con sus diferencias— están bastante pendientes de la evolución del beatbox (y el loop), pues esta va hacia lo complejo y hermético.
W: Sí, de hecho en el Loopstation es donde más quiero marcar mi identidad con ritmos latinos. Casi nadie lo ha hecho.
J.G.- ¿Estás haciendo algún análisis de tus rivales o estás centrado únicamente en mejorar?
W: Yo siempre soy muy yo. Me gusta depender de mí mismo. Sin embargo, cuando fui a la Great North por primera vez —en 2024— la final fue BlackRoll contra PacMax. Ellos están constantemente haciendo trucos nuevos… PacMax saca un cubo de Rubik, se tapa la cara y se pone a resolverlo; BlackRoll se saca un pijama y se pone a dormir… A mí no me gustaría algo tan exagerado, pero no descarto hacer algo de este estilo. Lo de estudiar los beats, preparar counters y ese tipo de cosas no es para mí.
J.G.- ¿Estás disfrutando tu proceso de preparación para la GBB?
W: Hay un poco de todo en la preparación. Creo que lo más complejo de todo es la eliminatoria: ¡Son 4 minutos! Y además, ¡12 beatboxers de 20 que hacen el filtro van a quedarse fuera! El line-up [conjunto de competidores] de este año es brutal, en mi opinión uno de los mejores de la historia. Entonces, hay mucha presión, pero siempre trato de ver el lado positivo… Va a ser mi primera vez en Europa; creo que la GBB va a apostar por un mejor audio esta vez… El hype es tremendo. Así que yo feliz. También tener el peso de representar a mi país, a Latinoamérica… Es precioso. Cuesta, pero es precioso.

J.G.- Más allá del beatbox, ¿qué aficiones o actividades forman parte de tu día a día?
W: Yo trabajo de informático, estudié ingeniería en computación e informática —no sé si será el mismo nombre en España— y entonces me paso el día programando. A parte de eso, desde inicios de año le he empezado a meter caña al Loopstation, estoy invirtiendo muchas horas al día; se me pasa el tiempo volando. A raíz de esta nueva pasión, he dejado un poco de lado mis otros hobbies, pero me encanta el fútbol, el ajedrez, los videojuegos… League Of Legends y Pokémon sobre todo. Tengo un montón de hobbies.
Ahora cumplo casi un año en Santiago de Chile. Yo soy de Antofagasta, una ciudad al norte bastante pequeña; tiene unos 200.000 o 300.000 habitantes, en cambio en mi nueva ciudad hay como 10 millones. Yo me mudé por dos motivos: el primero consiste en desarrollarme más como artista, porque aquí hay muchas más oportunidades. Por otro lado, he tomado la directiva del beatbox en Chile: estamos organizando el nacional, hemos hecho una asociación, tenemos una personalidad jurídica… Estamos metiendo mucho trabajo para profesionalizar el arte. Tenemos un equipo espectacular y estamos gestionando todos los procesos necesarios para que valga más la pena invertir en este precioso hobby, porque actualmente —al menos aquí en Chile— cuesta.
J.G.- Sí. Aquí también es complejo. Conseguir patrocinadores, opens, salas… es toda una odisea. Bajo mi opinión, la gente no valora el beatbox como se merece. Infravaloran la exposición que da y la importancia que tiene.
W: Yo creo que hay que estudiar aquellos sitios donde sí se ha extendido mucho: Japón, Corea… y a mí me sorprendió genuinamente lo de Alemania. Categoría global, público de 2000 personas… Entonces, creo que hay que preguntarse cómo han logrado expandir el arte de tal manera. Por otro lado hay mucha gente haciendo covers, música bien producida, contenido de juegos… Eso es muy positivo. Wing, Beatpella House, Hiss y algunos rusos también. Creo que ese contenido atrae muchísimo a la masa. Es complicado porque hay que tener la personalidad y el tiempo para hacer ese contenido.
J.G.- Yo también creo que en muchos contenidos —especialmente en aquellos basados en el humor— la gente se interesa más por “ese tío que hace sonidos raros” que por el arte. Eso no significa que esté en su contra, ni muchísimo menos, es visibilidad y eso es muy positivo, pero no sé si hay un efecto de interés real por el arte. No sé si los que vean un vídeo de Hiss investigarán sobre el Korea Beatbox Championship.
W: Yo creo que está bien partir de crear fanatismo del artista, y eventualmente se van a hacer fanáticos del arte. Así pasa en el freestyle: ahí hay un choque de seguidores de un rapero y de otro, o de un país y de otro si es gente muy patriota. Todo eso de “¡Que El Menor se lo explique a Gazir!” o “¡Que Chuty gane a Aczino!” creo que es lo que realmente mueve gentes. Amantes de verdad del freestyle tampoco te creas que hay tantos.
J.G.- Totalmente. Además, creo que en el beatbox no hay tantos seguidores que no sean amantes profundos. Si hubiera una línea de amor al beatbox, en el 90% de los casos la gente se situaría en los extremos: o eres amante incondicional o a penas lo conoces. Eso es un problema, porque demuestra que nuestro arte resulta más hermético que el freestyle y quizá no cala tanto entre la gente.
W: Es que faltan tantas cosas… Faltan infraestructuras, faltan buenos premios, falta de todo. Pero sí, estoy de acuerdo.

J.G.- Bueno, volviendo a la entrevista, te quería preguntar: ¿Qué consejo le darías a tu “yo” de cuando estabas empezando?
W: Primero diría que estudie música. Yo empecé a estudiar música muy tarde, después de la GBB. Todo el tema de la composición, conocer las notas, conocer las escalas, estar afinado… Eso es muy valioso para hacer beatbox. Está bien la libertad de poder hacer lo que uno quiere, pero hay algunas cosas que tienen que hacerse de una forma específica. Dentro de esa forma sigues teniendo mucha libertad.
Por otro lado, me diría que haga deporte. Antes de la GBB era muy sedentario, y de hecho, a raíz de esta empecé a ir al gimnasio. En cuanto a la mentalidad creo que he sido bastante constante. Me he mantenido siempre en mi mentalidad de estar enfocado en mí, no preocuparme demasiado por los resultados, ser positivo incluso cuando las cosas no van como uno quiere…
J.G.- Por curiosidad, ¿La importancia que le das al gimnasio es más por un tema de hábitos y disciplina, o más por un tema de cardio?
W: Es un poco por todo. Te ayuda hasta en la autosestima. Si tienes una mejor autoestima se va a notar en el escenario, vas a tener mejor presencia y eso te claramente te puede ayudar a ganar batallas. Yo lo veo un montón desde mi faceta de organizador: veo muchos participantes nuevos que por su falta de experiencia hacen beatbox mirando el suelo, sin moverse o sin interactuar con el público ni con el rival. Por supuesto los nervios y la falta de preparación son importantes en esto, pero también hay un factor de seguridad.
Y no sólo te ayuda en eso; la energía que requieren estos eventos no es poca. Son horas y horas de beatbox con presión, tensión y tu cuerpo tiene que estar preparado para aguantarla. En mi estilo de beatbox se necesita una habilidad bastante potente de respiración: tengo que contenerme mucho, inhalar y exhalar muy rápido… El deporte ayuda sin duda. De hecho, me encantaría empezar a practicar natación. En la asociación tenemos un fonoaudiólogo y psicólogo deportivo que está seguro de que la natación debe ser de los deportes que más ayuda al beatbox. Me gustaría probarlo.
J.G.- ¿Qué te motiva a ganar la GBB?
W: Demostrarme a mí mismo y a toda la comunidad que los sueños se pueden cumplir. Puede sonar un poco genérico, pero creo genuinamente que si alguien lo lograra sería como decirle a la comunidad que ellos también pueden. Cada vez somos más los latinos de la GBB, pero falta que se consolide un campeón —a River’ y a Colaps no los cuento, al final son campeones de Francia—. La realidad de latinoamérica es dura, la situación política, social… Por todo eso significaría mucho para mí ganar la GBB. También, me encantaría poder llegar un día a vivir del beatbox. Me gusta programar, pero si tuviera que elegir entre trabajar como beatboxer o como programador, renunciaría a mi trabajo actual sin pensarlo dos veces. Ser campeón de GBB me acercaría a ese sueño.



